
lunes, 26 de enero de 2009
QUITAME LOS OJOS
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Cuando el masoquismo llega a tal punto de amor y odio, cuando llegamos al punto pasivo agresivo, de placer y dolor, el extremo de reír y llorar, cuando sentimos que algo nos gusta pero duele mucho, cuando solo nos queda el sufrimiento y lo disfrutamos, aguantar el dolor en nuestras gargantas hasta el punto de exitarnos, tragarnos el sufrimiento hasta que nos artemos; sabemos que nos gusta el dolor y lo podemos sentir como una extraña sensación en nuestro cuerpo, podemos darnos cuenta que lo disfrutamos, sentimos aquel nudo en la garganta que nos agudiza los sentidos y como las manos tiritan, que en nuestra mente no hay nada, solo placer, en nuestros cuerpos hay dolores agudos, y disfrutamos al sentir como nuestro pecho arde de dolor, disfrutamos cuando nos ahogamos de tanto llorar, sentir como nuestras almas gritan y quieren salir de nuestros cuerpos, amamos el dolor; amamos esa sensacion de que suspiramos y sentimos el alivio de aber dejado todo atrás, eso que podemos llamar placer, pero que aun así queremos mas sufrimiento, mas melancolía, mas dolor, mas llanto, mas golpes, mas ardor, mas sufrimiento psicológico, mas masoquismo; podemos sentir el placer de sentirnos mal, recuerdos que se nos vienen a la mente, y que nada puede calmar, ni nada callar, solo nuestros llantos agudos, nuestros gritos desesperantes, nada físico, todo psicológico para callar el dolor, nuestras almas nos piden mas, pero nuestros cuerpos y nuestras mentes se agotan del placer de sufrir; dañar, golpear, hasta el punto de sangrar y llorar, cortar y lamentar hasta el punto de gritar, sentir nuestros rostros arder por las lágrimas que queman, sentir la frescura de la sangre en nuestras muñecas y nuestros ante brazos, nuestros cabellos despeinados por nuestras manos que tiritan de la desesperacion, nuestro cuerpo contra el suelo por la melancolía, ser el ser mas miserable del mundo. el arte de sufrir, placer al fin y al cabo, porque sabemos que lo disfrutamos, sabemos que queremos mas, sabemos que lo necesitamos, que lo amamos y que todo es por algún motivo.
aceptemos de una vez por todas que somos adictos al dolor
Cuando el masoquismo llega a tal punto de amor y odio, cuando llegamos al punto pasivo agresivo, de placer y dolor, el extremo de reír y llorar, cuando sentimos que algo nos gusta pero duele mucho, cuando solo nos queda el sufrimiento y lo disfrutamos, aguantar el dolor en nuestras gargantas hasta el punto de exitarnos, tragarnos el sufrimiento hasta que nos artemos; sabemos que nos gusta el dolor y lo podemos sentir como una extraña sensación en nuestro cuerpo, podemos darnos cuenta que lo disfrutamos, sentimos aquel nudo en la garganta que nos agudiza los sentidos y como las manos tiritan, que en nuestra mente no hay nada, solo placer, en nuestros cuerpos hay dolores agudos, y disfrutamos al sentir como nuestro pecho arde de dolor, disfrutamos cuando nos ahogamos de tanto llorar, sentir como nuestras almas gritan y quieren salir de nuestros cuerpos, amamos el dolor; amamos esa sensacion de que suspiramos y sentimos el alivio de aber dejado todo atrás, eso que podemos llamar placer, pero que aun así queremos mas sufrimiento, mas melancolía, mas dolor, mas llanto, mas golpes, mas ardor, mas sufrimiento psicológico, mas masoquismo; podemos sentir el placer de sentirnos mal, recuerdos que se nos vienen a la mente, y que nada puede calmar, ni nada callar, solo nuestros llantos agudos, nuestros gritos desesperantes, nada físico, todo psicológico para callar el dolor, nuestras almas nos piden mas, pero nuestros cuerpos y nuestras mentes se agotan del placer de sufrir; dañar, golpear, hasta el punto de sangrar y llorar, cortar y lamentar hasta el punto de gritar, sentir nuestros rostros arder por las lágrimas que queman, sentir la frescura de la sangre en nuestras muñecas y nuestros ante brazos, nuestros cabellos despeinados por nuestras manos que tiritan de la desesperacion, nuestro cuerpo contra el suelo por la melancolía, ser el ser mas miserable del mundo. el arte de sufrir, placer al fin y al cabo, porque sabemos que lo disfrutamos, sabemos que queremos mas, sabemos que lo necesitamos, que lo amamos y que todo es por algún motivo.
aceptemos de una vez por todas que somos adictos al dolor
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